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La Escuela de Ingeniería Agrícola INEA ha celebrado hoy la fiesta del patrón de los agricultores, san Isidro, de manera muy especial: ampliando el “ecosistema social” que nutre este espacio ecológico. Así lo denominó su director, Félix Revilla, porque es una finca donde todos son necesarios. “Para que esto funcione no podemos ser todos iguales. Tiene que haber gente muy diversa y que unos nos ayudemos a otros”. Para cumplir con este deseo de integración que inspira el proyecto de huertos ecológicos ya veterano, se han inaugurado dos huertos adaptados para personas con discapacidad y en silla de ruedas, de diseño exclusivo e innovador. El alcalde Óscar Puente y la concejala de Medio Ambiente, María Sánchez, del Ayuntamiento de Valladolid y representantes de las entidades colaboradoras del proyecto participaron en su entrega a seis personas en silla de ruedas. Toda una alegría para ellos, pertenecientes a ASPAYM. Y también para quienes contemplan con gusto cómo se acercan a la tierra, a las herramientas de riego y a las plantas recién sembradas de la manera más cómoda posible. Y así la fiesta de san Isidro fue la fiesta “preciosa” de la integración: jubilados, personas con enfermedad mental, de origen inmigrante, de etnia gitana y con discapacidad motriz comparten la labranza y comenzarán a “darse sombra, a darse nitrógeno” y a ayudarse unos a otros.

El acto contó con mucha gente, tanta como la que ha participado de una manera u otra en la fabricación de estos huertos. Una muestra evidente de que el trabajo es colaborativo. Estaba el ingeniero Pedro Cuervo, antiguo alumno de INEA, quien diseñó con mimo el prototipo. Hoy invitaba a quienes lo utilicen a que compartan sus impresiones y sus necesidades. Estaba el representante de la Obra Social la Caixa, cuya ayuda económica sostiene este proyecto desde hace años.

Representantes de Leroy Merlin, que con su aportación del material la huerta se levanta unos metros del suelo para ponerse a la altura del hortelano en silla de ruedas. Y de la Asociación de Vecinos Unión Esgueva, cuyos voluntarios han construido con ilusión estos equipos. Ellos ya disfrutan de los huertos urbanos y esta es una expresión más del equipo que se va formando en torno al cultivo de la huerta. Hay que destacar que es un huerto abierto a todas las posibilidades de cultivo integrado en una zona donde existen otros huertos. Por eso se le ha construido sin suelo, para que conecte con la tierra igual que el resto y que las plantas puedan enraizar tanto como puedan por su propio desarrollo.

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